¡Buenas, personas que leen el
blog! Hoy les traigo la tercera y última parte de la historia del arqueólogo y
los griegos. Con la colaboración de Shanka en los dibujos.
Si no leyeron las
anteriores háganlo: Casco
Corintio y Oráculo
de Delfos.
Espero que disfruten el
final de esta historia y sigan atentos a las novedades del blog.
Saludos,
Lord_vampiro
Regreso al Templo Antiguo
Cuando el arqueólogo salió del templo, reflexionó acerca de las palabras de la Pitonisa. Para volver a su época debía volver al
templo donde comenzó la aventura. Le
parecía extraño, pero desde que llegó qué no lo era. Al salir volvió a encontrarse
con el anciano y le explicó brevemente la primera parte de las palabras que le
habían dicho, las que anunciaban el fin del mundo mítico. El viejo parecía tranquilo, se sentía
protegido dentro del templo. “Delfos no
caerá”. Con esa frase se despidieron.
Durante el viaje de vuelta, el arqueólogo percibía un gran
silencio y tenía una extraña sensación de peligro a pesar de no encontrar signos de vida.
Descansaba de día y avanzaba
valientemente por las noches, aferrándose a su espada.
Una de las noches del viaje, en las cercanías de la cueva, divisó el brillo de unas llamas. Al acercarse las llamas se conviritieron en tres
viajeros que iban en dirección a la cueva. Les advirtió de los peligros del lugar y esos hombres explicaron que iban a luchar contra unas horribles bestias.
Los viajeros se unieron al arqueólogo
en su camino al templo de la cueva.
Las antorchas no iluminaban mucho y caminaban lentamente cuando, de repente, comenzaron a ser atacados. Uno a uno los viajeros fueron cayendo, dejando solo
al guerrero corintio. Acorraldo en el centro del
templo, el guerrero arqueólogo sacó su espada, preparándose para luchar. Recordando las palabras del anciano pidió ayuda a Apolo, pero nada sucedió y se vio
rodeado por un grupo enorme de enemigos que se le abalanzaron en hordas.
Sintió como sus miembros eran desgarrados y múltiples mordidas arrancaban
la piel de su cuerpo.
Su esencia se desdoblaba y
era transportado por una extraña fuerza. Abrió los ojos, viendo el casco a su lado, junto a una espada y las ruinas del templo. Observó su cuerpo, que estaba en perfectas condiciones. Había vuelto a su tiempo.
Los rayos del
sol seguían asomándose por una pequeña abertura y se acercó a ellos en busca de una salida. Volvía a sentir una extraña sensación en su curepo. La salida del lugar estaba
derrumbada, debía buscar otra alternativa para escapar. De repente, al pasar por un
rincón oscuro, sintió una extraña respiración cercana a él. Gritó por ayuda, esperando que alguna persona lo sacara de ese lugar, pero en
vez de eso vio una torpe silueta acercándose. La piel parecía de piedra,
tenía unas enormes fauces y ojos ciegos. Intentó tomar la espada para luchar pero
estaba muy vieja y oxidada.
Con su cuerpo normal el arqueólogo no se sentía tan fuerte como
cuando era guerrero. Observando a su alrededor en busca de algún objeto recordó
su pico, tomando esa herramienta lo más rápido que pudo para usarla de arma.
Su destreza no era tan buena y erró el primer golpe. Las zarpas del
monstruo lo inmovilizaron, hiriéndolo de muerte, llevándose su
historia a la tumba.
FIN
Leer más...